Organización territorial

Un entorno idílico con sublimes encantos

Hallándose en las medianías del sur de Tenerife, le circunda a modo de media luna las pendientes que descienden, cubiertas de pinos canarios, de Las Cañadas del cercano Teide.

El municipio es limítrofe con La Orotava; por el sur, con Arona; al este, por los municipios de Granadilla de Abona y San Miguel, y al oeste, por Adeje.

Denominación: Vilaflor de Chasna
Altitud máxima: 1.800 m, Altitud mínima: 1.000 m
Latitud: 28º 09’ N
Longitud: 16° 38’ W
Distancia a la capital: 80 km
Perímetro municipal: 34 km
Superficie: 56 km²

Distribución por entidades singulares de población

Los habitantes de Vilaflor de Chasna se dividen en varios núcleos diseminados: La Escalona, Jama, El Hoyo y Vilaflor. La población total del municipio es de 1.645 habitantes. Su actividad económica se basa principalmente en la agricultura, la hostelería y la restauración.

Vilaflor de Chasna Capital

26 km²

La Escalona

6,5 km²

Jama

8,86 km²

El Hoyo

14,9 km²

La Escalona

Barrio chasnero situado a unos 1000m de altitud sobre el nivel del mar

Los orígenes de La Escalona se remontan al siglo XVI, como consecuencia de la progresiva expansión de los cultivos, que hará que se forme este pequeño núcleo poblacional.

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A lo largo del siglo XVII se va a producir la consolidación del pago de La Escalona, cuyos primeros habitantes fueros modestos labradores y pastores que muchas veces alternaban su residencia entre el pueblo de Vilaflor y el de Arona.

El poblamiento, aunque disperso, se articulaba a lo largo del camino real que venía desde el pueblo de Chasna y que, atravesando este barrio, continuaba hacia Arona. Todavía hoy, una de las principales calles de La Escalona de llama “Camino Real” haciendo alusión a este antiguo camino que por allí transcurría.

En los años 20 del siglo pasado, los vecinos de La Escalona celebraban la misa en un pequeño salón junto al Camino Real que atraviesa este barrio. Con el paso de los años los vecinos de La Escalona decidieron levantar una ermita bajo la titularidad de Santiago Apóstol.

Los vecinos que idearon y promovieron la construcción de la primitiva ermita de Santiago Apóstol decidieron comprar, en el año 1943, una casa antigua que estaba situada junto al Camino Real que atraviesa dicho caserío, la cual sería demolida para en su lugar levantar una pequeña ermita.

La imagen del titular de dicha ermita, Santiago Apóstol, fue adquirida por encargo de la comisión promotora, siendo colocada provisionalmente en la iglesia parroquial de Vilaflor hasta que, una vez terminada, fue trasladada en procesión desde Vilaflor hasta La Escalona, siendo inaugurada oficialmente esta ermita en 1943.

La nueva Iglesia de Santiago Apóstol, situada cerca de la carretera general, se construyó gracias a la solidaridad, esfuerzo y tesón de los «escaloneros», ya que la ermita se había quedado pequeña para albergar a los vecinos devotos de Santiago Apóstol. Se inauguró en 1985, y en su interior se conserva, además del titular Santiago Apóstol, una imagen de Nuestra Señora del Pilar y otra de un Cristo. La campana de esta iglesia fue traída expresamente desde Sevilla.

¿Por qué se llama La Escalona?

El nombre de este barrio chasnero se remonta al siglo XVI, cuando se empezó a deforestar esta zona poblada de pinares para que los nuevos pobladores la dedicasen al cultivo de la vid y cereales, derivando el nombre de LA ESCALONA del gran escalón topográfico en el que se encuentra este caserío y que desciende hacia el pueblo de Arona. Se trata además de uno de los nombres castellanos más antiguos documentados, pues en un documento del año 1531 Pedro Soler menciona un trozo de pinar situado entre el barranco de Chasna y “el barranco de La Escalona”.

El caserío se fue consolidado a lo largo del siglo XVII en torno al camino real que bajaba desde Vilaflor hasta su puerto de Los Cristianos, y en el año 1735 contaba ya con 44 vecinos o cabezas de familias (unos 220 habitantes).

Barrio de La Escalona,
Vilaflor de Chasna

Jama

Ya desde los mismos inicios de la colonización castellana de las islas, las tierras de Jama, debido a la abundancia de fuentes y aguas en la zona, debieron atraer a colonos que, junto a pobladores guanches, conformarían el primer germen del caserío de Jama a lo largo del siglo XVI.

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A lo largo del siglo XVII se produjo la consolidación definitiva del caserío de Jama, creciendo desde el punto de vista poblacional y estando habitado por labradores y pastores atraídos por la abundancia de aguas del lugar y su estratégica situación entre los populosos pagos del Valle del Ahijadero y San Miguel.
La crisis económica acaecida en la segunda mitad del siglo XIX como consecuencia de la ruina del cultivo de la cochinilla va a afectar profundamente a este caserío chasnero, ya que muchos de sus habitantes emigraron a tierras americanas o a tierras tinerfeñas más cercanas a la costa, lugares idóneos para labrarse un mejor futuro.

Asimismo, las tierras de Jama siempre fueron cotizadas por los pueblos vecinos, así a lo largo del siglo XIX, el ayuntamiento de Arona quiso agregar el caserío de Jama a su término municipal poniendo de manera ilegal mojones en la zona, los cuales fueron derribados inmediatamente por las autoridades municipales de Vilaflor.

En la zona de Jama se encuentra el Conjunto Histórico de Casas Altas, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por el gobierno de canarias en 2004, y que es compartido por los términos municipales de Vilaflor y Arona. Se trata de un caserío de carácter tradicional que alberga ejemplos relativamente bien conservados de la arquitectura popular tinerfeña propia del sur de la Isla. Contiene elementos característicos de las actividades campesinas como atarjeas, aljibes, depósitos, hornos, caminos empedrados, bancales, cuevas, etc. Todo parece indicar que este conjunto de casas constituye uno de los primeros enclaves del pago de Jama, cuya antigüedad se remonta a varios siglos y, de hecho, es citado en los primeros repartimientos de tierras efectuados en la Isla por el Adelantado Alonso Fernández de Lugo.

Este pequeño barrio chasnero cuenta con una bonita ermita que fue erigida por iniciativa del entonces párroco de Vilaflor, en la década de los sesenta del siglo pasado. La construcción de esta ermita se realizó, mayoritariamente, con “prestaciones” del vecindario y donativos varios.
Como titular se eligió a la Inmaculada Concepción, para lo cual se restauró una deteriorada talla de vestir de esta virgen que se encontraba en la iglesia parroquial de Vilaflor. Una vez restaurada, se llevó en romería de camellos desde Vilaflor hasta Jama. Asimismo, en esta ermita se encuentran actualmente sendas imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y de San José.

Cada año, a principios de diciembre se celebra la festividad de la Inmaculada Concepción, realizándose diferentes actos religiosos y populares.

Conjunto histórico de Las Casas Altas de Jama

Declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por el gobierno de canarias en 2004, es compartido por los términos municipales de Vilaflor y Arona. Se trata de un caserío de carácter tradicional que alberga ejemplos relativamente bien conservados de la arquitectura popular tinerfeña propia del sur de la Isla. Contiene elementos característicos de las actividades campesinas como atarjeas, aljibes, depósitos, hornos, caminos empedrados, bancales, cuevas, etcétera. Todo parece indicar que este conjunto de casas constituye uno de los primeros enclaves del pago de Jama, cuya antigüedad se remonta a varios siglos y, de hecho, es citado en los primeros repartimientos de tierras efectuados en la Isla por el Adelantado Alonso Fernández de Lugo.

 

El Conjunto Histórico de Casas Altas es compartido por los términos municipales de Vilaflor y Arona y se localiza en una robusta lomada comprendida por los barrancos de Chija, al oeste, y por el Barranco del Río o de la Fuente, al este, ubicándose a unos 770 m.s.n.m. El acceso al lugar se realiza a través de la carretera TF-5114, entre San Miguel y La Escalona, en cuyo punto kilométrico 3 nace un antiguo camino empedrado, hoy en día cubierto de tierra que permite la accesibilidad rodada hasta el caserío.

Desde el punto de vista geológico, el interfluvio en el que se ubica el núcleo de Casas Altas está conformado por un potente apilamiento de coladas basálticas pertenecientes a la Serie III, asociadas a las emisiones acaecidas durante el Cuaternario en el campo de volcanes de la denominada Dorsal Sur (uno de los tres ejes estructurales en torno a los cuales se ha construido el edificio insular). El conjunto de edificaciones se emplaza en un promontorio pumítico, que constituye un relicto de erupciones de naturaleza ácida, cuyos focos de emisión se localizarían en el entorno del Edificio Central de la isla, y cuyos materiales se intercalan con los de quimismo básico que conforman la mayor parte de este ámbito geográfico.

La vegetación dominante es la propia de un cardonal-tabaibal bastante empobrecido por el pastoreo secular y la roturación de estas laderas, en transición hacia formaciones más termófilas, con presencia de alguna palmera (Phoenix canariensis), acebuches (Olea europea ssp. cerasiformis), sabinas (Juniperis turbinata ssp. cerasiformis), y diversas especies arbustivas: cornicales, vinagreras, tabaibas amargas, cardones, veroles y otras. No obstante, esta vegetación se encuentra profundamente transformada por la introducción de especies antiguamente cultivadas -como tuneras, frutales, almendros- o de carácter ruderal, propias de antiguos terrenos roturados.

El caserío de Casas Altas está constituido por ocho grandes unidades constructivas, correspondientes a antiguas viviendas campesinas integradas por varias edificaciones con diferentes usos: residencial, cuadra, cuarto de aperos, granero, cocina, etc. A ellas ha de sumarse una última edificación, alejada unos 150 m en dirección NE, que ofrece un esquema constructivo de similares características.

Las diferentes construcciones están fabricadas mediante sillares de toba roja -en el menor de los casos- y por muros de mampostería realizados con bloques de basalto, tosca y tobas, como material más abundante. Es frecuente la utilización de sillares como piedras esquineras que refuerzan la estabilidad de la construcción, así como fragmentos más reducidos de lajas, ripios o tizones- que rellenan los espacios entre los bloques de mayores dimensiones y el empleo de argamasa a base de agua, tierra y barro. En fechas posteriores, algunos de los inmuebles presentan un encalado -datado desde mediados del siglo XIX- aplicado mediante la técnica de “cabezas descubiertas”, es decir limitado a las uniones entre los grandes bloques y sillares, cuya cara externa aflora en el muro.

Éstos son gruesos y con pocos vanos, debido a la tosquedad del aparejo y a su papel de aislante térmico. Los huecos aparecen delimitados mediante jambas y sobrepuertas de madera, existiendo un caso de ventana con poyo interior en madera; mientras que las cubiertas de tejas ofrecen diferentes modalidades: una, dos y cuatro aguas. Dos de las edificaciones principales poseen un granero en la parte alta, y uno de ellos se abre a un balcón en muy mal estado de conservación cuya escalera casi ha desaparecido.

Además de los edificios, destinados a usos diversos, en Casas Altas aparecen infraestructuras relacionadas con actividades tradicionales vinculadas a la subsistencia. Existen cuatro hornos exentos destinados al secado de higos o la elaboración del pan y morfología cúbica. Uno de ellos es doble, al contar con dos vanos delimitados por paralelepípedos de toba.

También existe un complejo sistema de canalizaciones, integrado por atarjeas y canales y pocetas excavados directamente en la toba, que conducen el agua a dos aljibes principales. En el exterior de las casas todavía se conservan algunas cubetas de pequeñas dimensiones destinadas, igualmente, al almacenamiento del agua.

Por último, cabe citar la existencia de un camino empedrado que atraviesa el caserío y que continúa descendiendo por la ladera en dirección al Valle de San Lorenzo. Este camino forma parte de un “camino real” que nace en el antiguo Camino de Chasna, y permitía la comunicación entre Vilaflor y la vertiente norte de la isla con las zonas más bajas del sur. En las inmediaciones del conjunto se abre la galería de Salto del Río, que se perforó para aprovechar el acuífero que alimentaba un antiguo manantial que sirvió para el abastecimiento de los habitantes de Casas Altas.

Junto a los diferentes elementos patrimoniales de carácter histórico en este conjunto cabe señalar la presencia de un tipo de manifestación cultural, posiblemente vinculada al mundo prehispánico. Adosados a las edificaciones y ocupando buena parte de los afloramientos de toba se perciben conjuntos de cazoletas y canalillos que las conectan, con una morfología característica de otras formas similares existentes en otros yacimientos de la isla.

Barrio de Jama,
Vilaflor de Chasna

El Hoyo

Este caserío está situado a unos 1060 metros de altitud y compartido con el vecino municipio de Adeje, del que lo separa el barranco del Rey.

Los primeros habitantes que habitaron en Ifonche, en el sector chasnero, popularmente llamado El Hoyo, fueron Juan de Bethencourt y Ana Rodríguez, tíos del Santo Hermano Pedro, nacido en Vilaflor en 1626.

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Desde el siglo XVII, el pago de Ifonche va a estar convenientemente comunicado a través de senderos y caminos, con el pueblo de Vilaflor.

En esta zona de El Hoyo existe una ermita dedicada al Hermano Pedro, por la honda devoción hacia este santo, llegando incluso a afirmar, de manera errónea, que había nacido en este paraje.

Lo cierto es que este lugar venía siendo conocido por todos los chasneros, desde tiempos remotos, como un lugar de peregrinación íntimamente ligado a la figura del Santo Hermano Pedro.

De la honda devoción que la figura de este santo chasnero despertaba entre los vecinos de Vilaflor, en el año 1939, se construye, en dicho paraje de El Hoyo, un pequeño nicho dedicado al Hermano Pedro, que aún hoy se conserva junto a la ermita del lugar.

Tras la beatificación en 1980, la devoción por el Hermano Pedro aumentó en todo el municipio. Así, en esta misma década, los vecinos de El Hoyo, Ifonche y La Escalona decidieron construir una ermita en El Hoyo dedicada al beato chasnero, en el lugar donde habían colocado el nicho dedicado al Hermano Pedro.

La construcción de esta ermita no estuvo exenta de polémica desde su inicio, debido a la oposición del ayuntamiento de Vilaflor, que en varias ocasiones mandó paralizar las obras, y de muchos vecinos del municipio que se enfrentaron con los de Ifonche y La Escalona por la absurda polémica del lugar exacto donde había nacido el Santo.

Finalmente, la ermita y la plaza que la circunda fueron construidas e inaugurada en 1985, siendo sufragada por donativos anónimos.